historia

Su preocupación por los temas políticos y sociales lo llevó a la interpretación de la historia argentina y al estudio de algunas de sus figuras claves, profundizando en cada uno, tanto en sus biografías como en la reconstrucción de la época.

En 1975, durante una entrevista que mantuvo con el escritor Lubrano Zas, se refirió al polémico tema del revisionismo histórico en la Argentina*:

Lubrano Zas: ¿Cuál es tu posición en historia? ¿La liberal de los López, los Mitre, o la revisionista?

Álvaro Yunque: Ni una ni otra. Los revisionistas, por lo general, gente reaccionaria, apegada a una religión, a su dogma y sus ritos, que fue peronista; con el fin de exaltar a Rosas embiste contra muchas figuras del pasado liberal: Rivadavia y Sarmiento, también Mitre y, a veces, contra Echeverría, Alberdi u otros menores. No ven en su trayectoria nada bueno. Los caudillos, Quiroga, López, Ramírez, Varela, Jordán, Chacho, Rosas, llenan su panorama. No ven que Rosas fue un policía, un mercader codicioso, un entregado al imperio británico, un representante típico de la clase ganadera porteñista, antipatriota, un gobernante que detuvo la evolución del país, que careció de visión nacional, psicología repugnante de señor feudal, patrón de estancia, un tirano.

Y un cobarde que siempre se retrajo al peligro en los hechos, desde las Invasiones Inglesas. Raro que estos "revisionistas", admiradores de "hombres bien machos", los Facundo, los Pancho Ramírez, admiren también a este chambón del sable, general de retaguardia, siempre en trance de salvar el pellejo. Los liberales burgueses se van mucho en exaltar héroes, en no ver las causas económicas que produjeron las guerras civiles, el levantamiento de las masas provinciales empujadas por la miseria. Hablan de Artigas como si fuese un vulgar bandido. La verdad histórica no va ni por uno ni por otro camino.

La historia argentina debe revisarse, sí, y se está revisando; por ahora se hace apasionadamente. Se escribe historia para polemizar, para combatir a los enemigos actuales, so pretexto de hacer historia. Como siempre, la verdad queda en manos del tiempo y a la espera de quienes vengan a escribir historia con espíritu científico, política aparte. Yo he intentado esto, ser científico y, ya pluma en mano, expresarme con decoro. La historia es ciencia y es arte. Ciencia cuando la investigamos y arte cuando la escribimos. Sin conocimientos que ayuden a interpretar los hechos ocurridos, muchas veces ocultos, no hay historia. Pero sin imaginación tampoco hay historia.

  • 1ª Ed.
  • 1946
  • 1956
  • 1957
  • 1957
  • 1968
  • 1969
  • Editorial
  • Claridad
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  • Buenos Aires/Arg.
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